martes, 27 de noviembre de 2012

Lucía en el cielo estrellado


Supongo que siempre estuvo este momento en mi futuro. Es claro cuando miro para atrás y uno los siguientes puntos: cada droga de la que abusé, cada linea que escribí, cada minuto de meditación, cada relación, cada música que escuché...
Quiero crear, poner algo allí que no había antes y que hubiese sido imposible sin mi ayuda.
Quiero tener críos desde que dejé de ser uno.
Mi mayor ambición es ser un buen padre, noble como un rey de tierra media.
Que cuando me pregunten algo pueda responderles con sinceridad, que nunca tenga que asustarl@s.
Eso me llevo a explorarlo y dudar de todo. Ser un incorforme durante mi adolescencia y enfrentarme a la Ley en persona, y demostrar que se puede ganarle. No voy con los consensos. Son necesarios, pero no son determinantes, y cuando alguien dice que son fijos me rio.
Si analizas a la gente remarcable, veras que no son famosos en especial por su talento, sino porque son necios. Se calientan con una idea y van contra viento y marea, contra acusaciones de locura y contra hogueras.
Las estrellas de rock son un ejemplo: no son necesariamente talentosos. Viven en una nube de pedo en la que ellos reinan. Viven su propia realidad y a la fuerza hacen que los demás la vean y la vivan con ellos. Bowie, los Pistols. Ya no hay de esas estrellas, el ultimo que recuerdo es Kurt. Bueh, Lady Gaga creo que también tiene un público que decodifica cada mueca que hace.

Repaso: quiero ser un hombre con respuestas, y sé que la realidad no es absoluta.

Ocurre algo cuando se toma LSD llamado sinestesia, es cuando el cerebro mezcla los sentidos y por ejemplo sentís el gusto del color azul, o una palabra mueve el aire. Si hace 7 años descargabas películas estarás familiarizado con el problema de no contar con los códecs adecuados para el formato que descargaste. Y de eso se trata la realidad: tenemos solo cinco códecs para decodificarla y reproducirla en nuestro cerebro. Nuestra nariz decodifica una parte, los ojos otra, y así. La realidad es lo que da el rey, la verdad es lo que da el ver.
Con el LSD recibís más información de la normal, “se puede ver”, y así sucede que al mirar a otro basta una mirada para saber lo que piensa, porque en un segundo percibís la mueca de su boca, la velocidad de sus respiración, y los segundos anteriores, y la relajación del cuello. El instinto solo es calculo computacional de gran velocidad. Es tan rápido que uno entiende antes de saber. La magia, los rituales chamánicos son eso. Son instinto, saben lo que necesita la persona y como provocárselo. Toda la parafernalia no es tan parafernálica que digamos, cada poroto de los collares suma probabilidades de sugestionarte y liberarte de tus ataduras.

Mi experiencia fue hace un año, cuando habiendo albergado a unos guardaparques en casa durante un tiempo, cuando presentaron su tesis y los aprobaron, me incluyeron en su festejo ritual. Un quinto de pepa para cada uno.
Les advierto que venia de unos meses duros, sin hablar, sin confiar, y sin tocar a nadie, que toda la semana le había contestado mal a la loca con la que vinieron. Meses olvidándome del punky anarko que fui, creyendo que tantas cosas ni siquiera habían sido tomadas en cuenta y nunca venia una buena para este lado. Amigo Jorge me toca el hombro y se convirtió en chaman: “no pasa nada, man”.
Almorzamos en el suelo manjares misioneros como legumbres, palta, achicoria, hongos Lobulia, naranjas y mango. Luego me pasan el zapato de Alicia y vamos caminando hacia el Salto Küppers.
Apenas salimos a la avenida consigo el faso que no conseguí en las 4 horas anteriores, somos felices, pero a mitad de camino no tengo el cartón en la boca y desespero. Me dicen que ya esta en el torrente. Cinco cuadras y al ver un auto odio los robots. Estamos a diez cuadras del salto y si bien la dosis es pequeña para flashear colores de remeras hippies noto que los colores son más intensos, como una película grabada en filme.
Entramos al salto, lo vemos desde la cima, bajamos a la fuente por la pared de piedras. Ya no hablamos. Fumamos en la segunda olla, más apartada, más abajo en el arroyo. Yo no me siento cómodo mojándome pero ellos se bañan. Yo suelo venir casi todos los fines de semana a bañarme, pero no me siento contrariado. Voy saltando en el agua de piedra en piedra, hasta que algo cambia en mi. Amigo Jorge me pregunta como estoy, le digo que pierdo el sentido del tiempo. Los miro, y temo arruinarles el momento, pero siempre fui honesto. “Siento que estoy drogado”, les digo. Ya se te va a pasar me dice. Fumamos. Meditan. Yo trepo por una pared de piedra lateral y me encanta estar seco, y estirar mi cuerpo. Cruzo por un árbol caído sobre el arroyo que esta a 4 metros de altura, todo cubierto de plantas lilas (violaxantina en mayor proporción que cloropastos en sus tallos y hojas). Me lleva su tiempo hacerlo, me quedo no se cuanto tiempo mirando el agua debajo. Luego vuelvo a la cima de la segunda olla. Me trepo a otro árbol que cuelga hasta la mitad del arroyo, y me hecho. Los chicos continúan meditando y yo los miro. Los espió. Soy un niño-felino desde que me puse a saltar en las piedras. No hablo y los miro. Estoy orgulloso de como trabajaron los dedos de mis pies, como si tuvieran garras. Me llaman a fumar y no respondo, los miro. Se terminan acercando, y Jorge es un niño-Tapir que avanza a gusto por el agua. Les pregunto si el abajo esta derecho, para saltar, y me dicen que no, que el árbol esta a 45°. Luego ya es de noche. Los chicos se me pierden un poco en la entrada del Salto, no temo. Los esperaría mil horas aunque no vea mis ojotas. Estoy a gusto entre las lechuzas. No contemplo tanto los sonidos como los silencios. Cuando nos reencontramos nos lamentamos de no haber traído nada para pasar la noche ahí mismo.
El camino de vuelta cuenta con 1200 metros de pinos implantados, silenciosos, hasta el primer barrio. Al final de esos 1200 metros estaban los focos del alumbrado publico, que nos provocaban rechazo. No queríamos volver a la ciudad. Estábamos mirando las estrellas y le digo a uno de los chicos que parecen ventanas de una gran nave. Luego vemos un avión con luces rojas y azules, cruza en silencio y bien lento por el cielo. Reímos cuando alguien dice “Mira, hasta en el cielo con diamantes están estos ratis culiados, son tan ortivas que hasta le cagan la visión a un peposo”. Caminamos un poco y Jorge me pregunta que me pasa, dudo, pero le contesto que siento como que no me pegó, o no era lo que esperaba. Fumamos. Cada metro que nos acercamos a las luces me angustia. Estoy a gusto en el silencio. Estoy a gusto con las estrellas y la oscuridad. Los veo alrededor, estamos ahí en la misma volada, caminando con los pies pesados y me parece simpático que hayan cinco personas en un pueblito de misiones, en una uña del Matogrosso, buscando el interior, o la verdad, o la realidad. Veo a cinco personas que lo intentan. Eso me reconforta, me enamora de la humanidad de nuevo.
Compramos algo para comer y la gente cree que yo también soy Guardaparques. Me hace feliz. Estudio Ingeniería Forestal y acá a los Guardaparques se los ningunea, en todo Misiones lo nazi esta latente y no les gustan los hippies. Me reconcilio conmigo mismo, y llegando a casa siento finalmente lo que buscaba. Estaba desde que el ácido entró en mi sangre, pero durante la tarde estaba preocupado y ansioso por los efectos. Una vez allí, haciendo fuego en la vereda de mi casa para calentarnos y comer, veo todo, recibo esa información completa, de un solo saque y a la vez lento y pesado como el Paraná. Eran cosas que ya sabía. Que tal vez por eso no sentí que me había hecho efecto la pepa. El haber meditado, el haber perdido el miedo y al haber convivido con mucha gente ya me había dado la pauta de las distintas concepciones de las cosas. Cuando te empepas, para alguien, ponele, hijo de profesionales, que tuvo las mismas experiencias estandarizadas que un montón de gente, puede ser shockeante desde sentirse extrañamente atraído por la forma de los pétalos de una flor, hasta el hecho de que una chica le toque el pelo. Que la gente coma con la mano y bailen empelotados, cosas como de indio, como de hijos de la pachamama.
A mi me sucedió entender que somos otros animalitos sobre el lomo de un planeta con millones de años. Que no hay alternativa, que especular con qué camioneta te vas a comprar es re flojo. Las experiencias de vida son muy limitadas, siempre cumpliendo frente a los ojos de los demás.
Y quizás estaba esperando un flash fuertísimo, delirar y gritar y comerme mil viajes vergonzosos, y no sucedió. Y tal vez eso que esperaba, el delirio, al faltar, me tranquilizó. No hay frontera que cruzar, no hay otro mundo al tomar pepa, solo el mismo, pero completo, inmenso, donde el caos no es tal. Está todo bien ordenado. Eso es lo que vi, sin códecs limitándome, solo el código binario puro, el lenguaje universal. (rayos, entiendo Matrix 10 años despues! Mientras escribo esto!!)

- Quiero desplazarme. -dije. Y se entendió perfectamente lo que quise decir, y como lo dije. Los animales no van al rio, se desplazan hasta la fuente de agua. Comprendieron.
Di la vuelta a la manzana y vi a los hombres-niños de los que habla Hermann Hesse.
Luego, Hermann dice que uno se puede Iluminar. En algún momento quería llegar al nirvana, pero descubrí que luego de ser un hombre-niño, uno no se convierte en solo un hombre, o en un Buda. Uno se convierte en un hombre animal. Cuando cumple su función en la vida de forma correcta, hasta que vuelve a ser tierra del que saldrá otro. Pero siendo consciente que es parte de un todo mayor, que esta ordenado y bello en ese orden. No como un ser perdido que cumple ordenes de otro que no sabe que no es él el que dicta las reglas. Este ultimo está perdido al creer que es jefe, así más lo está el primero que cree que los jefes existen. Se es jefe o empleado no por que las cosas sean así, sino porque uno decide. Uno crea su realidad (esto esta sonando a libro de autoayuda, o a managment de equipos, pero es lo que descubrí y lamentablemente las palabras están más limitadas que los silencios).

He comido de la basura cuando fui un punky, y a casi un año de la experiencia de LSD tengo un proyecto empresarial en la INCUTEL que puede generar una cantidad de dinero que me parece obscena. Basta decir que a seis meses de que se me ocurrió sigue siendo mejor que las ideas de Google. Es más, no sé como, pero hasta me copiaron un logo. Definitivamente tengo olfato (no soy un narcisista, es que ahora me digo y me felicito yo cuando antes esperaba que lo hiciera otro).

Voy a ser dueño y empleado de este proyecto, así que no soy ni dueño ni empleado. Voy a cumplir con mi función, voy a quitarme otros miedos y otros prejuicios. Voy a poder darle comodidad a quien sea, y quizás, si encuentro a una compañera delicada y sencilla, forme una familia a finales del 2013.


















Entre las cosas graciosas sucedió que me lastime la nariz en un momento de la noche, y al ir al espejo vi a otro pibe, hermoso, que era yo, y fui feliz por él, que se reía como ángel.
No podía parar de volver al baño a verlo. JAJA. Otra cosa que sucedió, a la mañana siguiente, fue que tuve que hacer un tramite en el centro, y se me ocurrió procurarme un helado. Yo, venía de un rollo humano e intentando ser paciente con los hombre-niño y sus vueltas y complicaciones al pedo, y al entrar a un Grido saco un helado del freezer y me dicen los chicos de la caja
- No, no!
- Que?
- No puede sacar el helado. -Los miro y no logro comprender
- A ver... vengo a comprar, y no me van a vender? Como es esto ahora? -Que gente loca, capitalistas que cuando se les ocurre no te venden y jodete, pensé, el colmo.
- Pasa que nos robaron helados
- …
- Usted paga y nosotros se lo alcanzamos.
- Ya lo saque, lo guardo?
- Por favor...
- Chicos, ustedes se dan cuenta de lo que estamos haciendo? -Yo estaba a punto de volverme loco- Vine por un heladito. -La chica se rie, y el pibe se lleva el helado a la caja.
- Pasa que nos están filmando. -Dice y apunta una cámara.
- Que irreal. -por lo menos la chica asintió