Seguís escribiendo pregunta Angie a
los gritos, y le respondo que no, que la gente no lee. Es mentira. Si
no escribo es porque no se me ocurre nada, porque ya no sé si
escribo bien, porque no siento que le vaya a dejar nada a nadie,
porque el momento ya fue.
Comencé a escribir estando con
[no...], mi primer novia. Ella calentaba la cama y yo me quedaba
frente a la pc-computer escribiendo. A ella el ruidito de las teclas
la hacía dormir más rápido, eran como gotas de lluvia decía.
Hacíamos buen equipo. Escribía cosas violentas o feas porque era
feliz.
Vuelvo de mear y Angie está fumando
sobre el capó del coche. Siento el deber de devolverle la estocada,
y le confieso que me sorprende que aun no se haya matado con el auto
andando así de borracha. Me dice que siempre tiene a alguien que
maneja por ella, que acaba de dejar a otro ex y que él venía
conduciendo, que si yo supiera manejar me estaría tocando ser el
chofer de turno. Bien ahí, no se puede hacer sentir mal a la reina
del hacerte-sentir-mal. Tomo nota mental: usar la frase “un ex mas
reciente que yo” en algún cuento.
Yo tengo un alto pedo encima y sé que
voy a estar todo el sábado en cama, avergonzándome por los mensajes
de texto escritos y extrañando aun más a mi familia. De hecho voy a
llegar, voy a verlos en facebook y voy a reventar el banco de iglesia
que hay en casa contra la pared: “Drunks strength is equal to
Energy times a third part of alcohol high at painfull and harshfull
recalls.”
Lo curioso es eso, fui feliz una vez
que abandoné Cipolletti. Sabía que los extrañaría de vez en
cuando, pero eso era mejor a sentirse una rata diaramente. No hay
soluciones perfectas, hay decisiones que a uno lo cambian y personas
que cambian el mundo a tu alrededor.
Nos metemos de nuevo en el auto. Se
prende la radio. Nos acercamos al km3. No puedo, tengo que
preguntarle.
- Angie... te quedó algo de lo
nuestro?
- Eh? Hablaste? -cuando maneja parece
estar manipulando un rifle de francotirador. Respira lento, apenas
mueve los musculos para hacer rebajes y no quita los ojos del frente.
Cuando me deja en casa se baja conmigo.
- Hace cuanto fue lo nuestro? Dos meses
hace tres años, no? Todavía descubro cosas tuyas Andy. Ese pibe
loco que no entendí eras vos hablando claro.
- Y ahora que entendés, ya somos
distintos.
- Que descanses.
