lunes, 28 de enero de 2013

Cocinando como lobo


Bourdain, un grosso.
Increíble, un montón de hormigas despedazan a una araña que aplaste hace unas 3 horas. Gran organización para no tener 3g ni mail. Esa araña la maté cuando saque telas y telas de araña de alrededor del tubo fluorescente, al cual le preste atención luego de ir al centro, volver, ir hasta el km 4, cambiar el botón de la luz en la pared y darme cuenta que ese botón no tenía nada que ver, que no se usó nunca el foco de adelante, que el botón de arriba era el del tubo, que que sucio está el tubo.
Saque las telas de araña, gire el tubo que estaba haciendo mal contacto y de entre los vericuetos del tubo, sale una araña gorda asustada y me asusta, y le pego un tape. Me deja una baba en los dedos y cae al suelo. Me olvido. Tengo luz y me voy a poner a cocinar. Fumo porque es sábado a la noche y estoy solo y cocino como macho solo: entre fumos y aguardientes.
El menu fue un arroz frito en aceite de calamar, luego agregado de 6 tazas de agua que son las indicadas para cocer una porción. Escucho música (en el celu tengo uno de Blur, uno de folk celta, y otro de pop platense, ese que escuchan estudiantes de cine y de diseño, ninguno hace buena combinación), pongo la radio, la pachanga si combina con la tarea de cocinar.
Le agrego extracto de tomate a la olla, el tomate pega con el arroz y pega con el calamar. Cuando el arroz ya absorbio todo el liquido le agrego el calamar en piezas (en piezas suena mas gourmet que decir desmenuzado), y me hago un último buchecito de aguardiente para limpiar mi boca de otros sabores. Ahora si, a la mesa, pongo el disco de Blur que es mas calmo y pega con la situación.
La vez que me entere que existian catadores de aguardiente me parecio algo risible, pero debo reconocer que tiene su sabor y puede existir un rango de variaciones. Luego me dijeron que hay catadores de agua mineral, eso ya es ridiculo.
En una semana empiezan a aparecen los ingresantes en la residencia universitaria. Mientras, aprovecho y disfruto de cocinar solo, fumar, escribir.



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jueves, 24 de enero de 2013

Elefante patagonico

Va el elefante patagónico, ultimo de su raza, con sus pasos silentes, en la seca noche.
Es un largo viaje, habrá de sacar fuerzas, de jirones de recuerdos.
La fe es el primer paso que lo llevara a la luna.
El fuego en el pecho lo dirige sabiamente.
Suenan las campanas, aunque nadie las toque.
La lengua siente gusto a polvo, esta seca como la de un loro.

sábado, 19 de enero de 2013

Niño felino



Recogió el cuerpo de Eia, e intentó no mirarlo. Para él Eia ya no estaba en ese cuerpo. Trató de no pensar en nada. Tenía ganas de llorar, pero no era momento, debería esperar a dejar el cuerpo en casa de Gama para que ella dispusiera que hacer.
Llegó a Alais con Eia en brazos. La gente estaba toda ocupada, y la que por casualidad miró hacia donde venía Sev, lamentó mucho haberlo hecho. Tendían a mirar hacia otro lado, inventarse que lo que habían visto no era real. Los otros, intrigados por las extrañas actitudes de estos, miraron en la misma dirección. Nadie decía nada, se apartaban del camino de Sev, y comenzaban a llorar. Eia, con su cuerpo de niña eterna, delgado, con una panza apenas elevándose… ningún Alazo estaba preparado para ver a uno de ellos muertos por el rayo de un hechicero.
Gama y loltsiWan salieron de su casa vaya a saber uno por que extraña sensación, Gama corrió hacia ellos, con los parpados cayéndose como si fuera a desmayarse,
loltsi venía tras ella
Agarrándose la cabeza.
Sev no pudo más, se arrodilló en el suelo y apoyó a Eia en el suelo,
Temblando,
Evitando
llorar.

Gama tomó el rostro de su hija, llorando. Apoyó su cara sobre la de Eia y soltó algunas palabras viejas de sanación, invocó todas las fuerzas que tenía disponible, desprendiendo una luz azul que explotó varias veces rodeándola.
loltsiWan se agachó y abrazó a Sev, tratando de calmarlo, y luego intentó decir algunas palabras a la par que su esposa, pero ya nada había para hacer.
Se quedaron allí los tres, junto al cuerpo de Eia. La gente alrededor prefirió no acercarse y dejarlos tranquilos por un buen rato, solo recién cuando se hizo de noche algunos se acercaron con abrigos y comida caliente, y fue cuando loltsi decidió llevarla dentro de la casa.
Eia estaba acostada en el suelo sobre una esterilla, con algunas velitas dispuestas a lo largo de su cuerpo a intervalos regulares. Gama y loltsiWan estaban del lado derecho de Eia y Sev del lado izquierdo, mirándola. loltsiWan abrazando a su esposa, que tenía su cabeza caída, con lágrimas que bajaban y caían de su nariz al suelo. Estaban usando el edredón entre los tres, que ahora sin Eia se sentía enorme y frío.

Con las últimas velitas apagándose y el sol saliendo nuevamente, Gama alzó la vista y despertó a loltsiWan, que se había quedado dormido sobre su hombro abrazándola, cuando le preguntó casi sin voz a Sevtember sobre que fue lo que había sucedido, y este le respondió con la misma voz cansada que tenía ella:
Me encontré con Sgarr, y Eia me había seguido hasta allí. Cuando Sgarr quiso matarme y no pudo, mató a Tomás, y la mató a ella tambien. Luego, me pidió que lo matara.

Sev se quitó el edredón y les dio un beso a cada uno. Caminó hasta afuera y respiró el aire fresco de la mañana. Fue hasta la roca sobre la enredadera y se quedó mirando como salía el sol por el horizonte, hasta que su pecho comenzó a subir y bajar, su corazón recordó miles de imágenes de Eia, recordó el aroma de su piel y el de su pelo, recordó las cosas graciosas que ya no escucharía. Su nariz empezó a llenarse de mocos y los ojos comenzaron a llorar.
Lloró con la seguridad y tranquilidad de que todos dormían y nadie lo escucharía.
Rodeó sus rodillas con los brazos y escondió su cara entre las piernas, deseaba que ese auto-abrazo fuera el abrazo de Eia. Mientras lloraba se tocaba las orejas mintiéndose que era ella quien lo acariciaba.
Pensaba en la bebé que iban a tener, con cara de coatí como ella, hermosa, peleándole los juguetes al hermano menor de ella y haciendo barro en la huerta, o ayudándole a la señora Limbof a hacer sus dulces de calabaza y conservas de tomate.
Ya no están, no estarán, se decía Sev.
Miró el sol que ya estaba naranja sobre el oriente, y dejó que le calentara la cara y que le secara las lágrimas.
Miró hacía abajo. Algunos vecinos se habían acercado a la casa de Gama y luego de un rato, con loltsiWan a la cabeza, dos hombres y cuatro mujeres llevaban la esterilla en alto. En silencio, salvo por Gama que avanzaba llorando, y salvo por dos pequeños tambores que marcaban el ritmo de la marcha. Todo el grupo se alejaba hacia el bosque profundo, Sev decidió acompañarlos. Llegaron hasta el claro del bosque preferido de Eia. La dejaron acostada sobre el pasto, la cubrieron hasta el cuello con seda blanca, y luego, comenzaron a pasar uno por uno dejando flores sobre ella.
Todos pasaban con su pareja, los esposos con sus esposas, las novias con sus novios. Nadie de los allí presentes se había alcanzado a enterar que ellos dos se habían casado.

Sev estaba solo mirando todo desde la rama de un eucalipto, y Eia estaba sola allí abajo. O mejor dicho su cuerpo.
Luchaba en su cabeza con la idea de que Eia estaba muerta junto con ese cuerpo, y con la idea de que Eia no estaba ahí. Baja del árbol llevando consigo dos flores azules. Algunos se sorprenden por su presencia, otros ya sabían que aparecería. En el trayecto toma una margarita, llega hasta Eia y se arrodilla a su lado. Le pone las flores azules sobre el pecho, y la margarita sobre la frente. Estira su mano derecha y con ella le toca la pancita, acerca su cara y toca suavemente, por última vez, los labios de Eia con los suyos.
Luego se levanta. Le abren el paso, y se interna en el bosque.
Camina hasta que deja de sentir pasto en sus patas. Siente la tierra húmeda bajo suyo. Cierra los dedos y atrapa un poco de tierra entre las garras de sus pies. Siente la necesidad de correr, de alejarse de allí. Corre por el camino principal de Alais, salta el tronco de entrada al dojo y agarra un atajo hasta el Gran Puñen, corre a toda velocidad y luego se aleja para ir contra un bosque. Atraviesa a toda velocidad y con total destreza los troncos caídos, uno tras otro. Esquiva algunas ramas, otras no, y las parte en mil pedazos. Corre y atraviesa llanuras. Atraviesa los bosques malditos por Sgarr los cuales ya no le provocan ningún miedo, los pasa, sigue más allá, corre, escucha, y siente a Eia. Siente la piel del bebecito de los dos tocándole la nariz. Sabe que no habrá edredón para ellos tres. Siente un hueco y ganas de llorar, pero las lágrimas ya no acuden a sus ojos. Tiene ganas de dejarse morir. Eso es todo. Corre y le es fácil correr, ha corrido miles de kilómetros y no se siente cansado. Podría correr decenas de miles de kilómetros más y sabe que no lograría calmarse. No sabe donde ir, no hay ningún lugar sobre la tierra que este tan alejado de Alais como para olvidarse del dolor que siente, pero decide seguir corriendo.