Pese a que sus frecuencias cerebrales están en alfa, nos vamos de Iguazú por la ruta 12 hechos un rayo rojo. Yo voy en frecuencia beta, al taco. Puede que si choquemos a esta velocidad el auto se levante 5 metros en el aire, puede que si atropellamos a un gendarme, en la fracción de segundo en que su cuerpo absorbe el impacto, primero se le estallen los ojos, y recién luego le destrocemos los huesos. Por la presión, el líquido desplazado del abdomen se va hacia los pies y la cabeza. Los ojos estallan.
En una novela de Haruki Murakami, en una
canción de The Smiths, ven el morir en un coche de autos como algo romántico.
Habrán estado realmente en un accidente de tránsito?
- Nos
vas a matar
- Eh?
–me mira, y como no respondo, mira hacia adelante devuelta –Poné música.
Prendo el estéreo y está sonando Interpol –
Obstacle 1. Esto ya toma tintes siniestros. Han estado en una catástrofe? Se
produce algo conocido como Latido. Es cuando ves al otro auto venirse encima,
los vidrios estallar, el sonido desaparece, el tiempo se ralentiza, volás en
cámara lenta sobre el asfalto, junto a los cristalitos, sin gravedad. El Latido
es ese segundo hediondo, plagado de minutos significativos que configuraron tu
vida.
Uno, mientras vuela, no puede completar ni
una inhalación. Es como estar en medio de una lata de dulce de membrillo. No
hay tiempo, no hay arriba ni abajo. Uno es un testigo ultraconciente del
entorno. No sabés si el asfalto se acerca, o si es uno el que lo hace, pero
sabés que en el hospital les van a decir, la señorita perdió el embarazo. Ahá.
Los dos vuelan, y volando saben que van a perder al bebe, que si sobreviven, se
van a separar tras el luto. Que uno se va a hacer un elefantito en una burbuja,
en el hombro, y va a decir, me hice un elefante, porque los elefantes son
elegantes.
El Latido culmina. La gente toca el suelo y
rueda.
Uno se para con taquicardia. El Latido se
percibe lento porque el corazón va a mil para irrigar velozmente a un cerebro
que aun volando por los aires, o precisamente por eso, hace miles de cálculos
para ver como evitar una muerte. Esos litros de sangre que pasan por el cerebro
también tienen que pasar por los riñones. Cuando uno se levanta, lo primero que
tiene ganas de hacer, es mear. Yo me mee, no del susto, no hay susto.
Cuando se sobrevive al Latido, uno se
siente por fin bien. En su cuerpo, en su talla. Uno va por la vida todo
preocupado, con la sensación de haber acumulado días en balde, pero el Latido
es como que agarra nuestra vida y la pone en su real dimensión, expandida como
mantel que cubre toda nuestra historia sin arrugas, inmaculada, quitando esa
sensación de días en balde, al pedo, sin significado. Ni hablar de la sensación
de indestructibilidad. Que bueno, se mezcla con la de fragilidad,
impermanencia.
Pienso en eso. Entre las guitarras psycho
de Interpol, en frecuencia cerebral beta, cuando Angie dice:
- Ay!
–baja la velocidad, de 180 a 120 km/h, y dice –Está lloviendo, vayámonos hasta
Posadas!







