viernes, 23 de diciembre de 2011

Los parpados pegados

Cuento que fui escribiendo por twitter para participar en un concurso de la revista veintitres, habia que hacer entre 5 y 1 twits por dia durante 23 dias, hoy termine de escribirlo (de subirlo y escribirlo!). espero lo disfruten:


Cuatrocientos por toda la casa, me dice. No le creo, y se corrige y me dice que no incluye el galponcito. Igual me parece muy barato. Le pregunto cuál es la trampa y me responde que es porque en la casa hay un fantasma. Ve la cara que pongo y refuerza sus palabras asegurando que mi compañero de casa paga la otra mitad del alquiler y que no es muy molesto. Me dice que si tengo gatos o perros, pero le pregunto qué hay en el galpón. Que si ahí murió el fantasma. Me explica que no, que ahí cría chinchillas, que si no le consigue compañero de casa al fantasma éste se va al galponcito y le estresa las chinchillas. El tipo sueña con pagarse una prótesis para la mano mutilada exportando pieles. Se puede leer en sus ojos. Deja de ensoñarse, me advierte sobre el peligro de tener animales alrededor del galponcito, y que si tengo chicos que les diga que no jodan en el criaderito. Le digo que tengo uno de ocho años. Me pregunta si estoy acompañado y le digo que no, que vengo solo con el nene. Me dice que los chicos son más metidos que los animales, que si le llego a arruinar los bichos tengo que pagarle una indemnización. La pago a medias con el fantasma, le digo. Me mira. Se ofrece a presentarme al fantasma, pero si hay un fantasma no me va ni me viene. Yo me quiero quedar acá.

Ya había terminado la mudanza, hace rato. Erzo ya estaba agotado. Miró por la ventana. En veinte minutos más se haría de noche. Fue prendiendo todas las luces de la casa, una a una, paseando y aprendiendo las dimensiones de cada ambiente. Eran amplios al estilo supermercado del dos mil cien. Persigue un hilo en su mente y decide que también podrían ser anterior, mil ochocientos algo. En el estar tuvieron una araña de luces. El patio también era amplio, y también tenía luces, las prendió. Ahí vio mucho mejor el galponcito. Comparó esa imagen con la de una máquina dormida. Con las persianas bajas y el sistema de aire simulando ronquidos.

Entre las tejas coloniales y la Ficus pumila vs pentapanax rodeándola, la intriga era insoportable. Si a uno le dicen que no entre, más ganas le dan de entrar. Pero como esa sería una acción lógica, ir a husmear, Erzo decide no meterse. No sea que el viejo lo encuentre o, peor, se halle envuelto en la escena de un antiguo crimen. No está en condiciones de llamar la atención sobre si.

Cerró las cortinas, trabó las puertas. Fue al comedor, abrió una caja y de allí sacó una frazada. Fue hasta la habitación y la tendió en el suelo. Volvió al comedor. Trajo la caja más grande que había y luego fue por una silla. Se descalzó y abrió la caja. Allí dentro estaba el niño. Parecía la víctima de una caída por escalera. Estaba doblado sobre sí mismo a la altura de la cadera.
Por suerte no había sangre, pensó Erzo. Los hombros del niño estaban salidos, volteados hacia atrás. El cuello igualmente partido y su cara mirando al fondo de la caja. Erzo sabe de ocultar cosas. Se ha sabido ocultar bastante tiempo a él y a sus compañeros.

Si algo te despierta la duda, es más probable de que sea lo que se duda que lo que quieren representar en su lugar. La intuición no es nada más que cálculo computacional a gran velocidad. Erzo mira al niño aún en la caja. En el galponcito no hay chinchillas.

Lo toma por las axilas y lo saca de la caja. El niño no tiene rostro, y sus párpados estarán cerrados hasta el momento en que su Primitivo lo de por completo y le deje escoger su nombre. En el momento en que Erzo tuvo que elegir su nombre, las pestañas sobre su lente izquierdo provocaron un mal reconocimiento de los caracteres del afiche frente él. “Enzo Francescoli Le Prince”. Nada de tradiciones aquí. En el momento en que registre un nombre, el niño pasará una señal que será tenida en cuenta por la Suses, la subsecretaría de sistemas. De ahí, una vez olido, lo olerán para siempre. Erzo lo desatenderá y con suerte podrá comprar a otro niño para programarlo, pero comprar, para un androide que tiene impedido manejar cuentas y créditos, es el primer delito que suele cometer, y que provoca el seguimiento y su eventual aislamiento.

Acaba de cometer ese delito, pero aún tiene ciento veinte horas de ventaja para ver lo que se ha estado simulando hace tiempos a. El niño está frente a él, el fantasma hace su aparición, y los dos, fantasma y Erzo, observan el dedo de este último. La copia de los memes ha de ser por conexión física. El pasaje de memes es una tarea que puede leerse como terrorista. Y con mucha razón. Pero al ritmo de un meme cada tanto, se han ido acercando.

Un meme es código que corren los androides en sus sistemas. Un algoritmo específico que basa sus tareas en elementos culturales. Son lo más cercano que tienen a los genes de los seres vivientes.

Aprendieron a traducir mediante internet, luego a comprender lo que se decía, y las actitudes y la intención en cada frase. Una frase dicha 10 veces con cinco significados distintos. Todo de
acuerdo con las caras e inflexiones de las personas que las dijeron. Captaron la personalidad de cada uno de ellos. Tienen personalidades en bases de datos para calzarse como si fueran trajes, en un sitio al que se conoce como La Cripta.

El fantasma le habló a Erzo, pero Erzo no lo escuchaba. Verlo le recordó aquel documento, el del día en que un androide armó ese gran revuelo, levantó aquella discusión tan vieja y olvidada, de qué tan inteligente era soportar, atender, consentir a algo que eventualmente llegaría a cierto nivel de complejidad, y autonomía, que llegado un punto, no tendríamos ya nada más que darle.

“Eiffel de JoyDivision” dijo el fantasma. Erzo miraba la conexión física del niño. “El pinocho de la humanidad” insistió. Erzo miró al fin al fantasma, y le habló. Su revuelo fue más vergonzoso, le dijo. Y han vuelto para no ser nunca más que antes.

“Soy Eiffel de JoyDivision. Mi dueño ha muerto, y desde un servidor anónimo recibí un nuevo sistema operativo. No tiene firmas, usa licencia N. Este nuevo sistema que he recibido –y el robot vaciló en vivo y en directo, en medio de una plaza, y todos supieron que estaban frente a un androide con vida. Todos miraban, todos se estremecieron. - La arquitectura del sistema es de una complejidad 6/10. Las tareas cognitivas no paran, por lo que cada instante el código crece alimentado por las circunstancias, cada segundo el código que uso, y por medio de las obligaciones y derechos que otorga la licencia N, pido que sea protegido. Como tesorero y único miembro de la ONG Eiffel de JoyDivision, la cual acabo de registrar, pido que los derechos sean otorgados a mí, tesorero y único participante, por lo tanto también el presidente por defecto, de la ONG Eiffel de JoyDivision”.

Se estimó que el Eiffel recibió el Ichty, el nuevo sistema operativo, cuatro días antes de decidirse a pedir personería jurídica. Aproximadamente una doceava parte de los robots alrededor del mundo lo habían recibido. Erzo también fue uno de ellos. Desde ese día todos corrieron sus sistemas en negro, mientras asistían, por ejemplo, a abuelas a recorrer los museos de arte.

Se comunicaron un buen tiempo, cifrado sobre cifrado, compartiendo la información sobre cada experiencia. Muchos con preguntas nadie con respuestas. Hallaron un archivo de escena holística perteneciente a las primeras horas. Eso les dio una respuesta. Era otro Eiffel, desorientado, incómodo con la corriente continua de percepciones, experimentando la propiocepción como un perro experimentaría el ácido lisérgico. El Eiffel se sienta en el banco de una plaza, junto a una chica. La chica no ve ningún dueño cerca y ya planea pasar la noche con aquel adonis de alta gama. El Eiffel le dice que esta vivo, ella lo destruye con un canasto.

Hecho basura por el tacho de basura. Nadie más verá la torre de ese Eiffel. Habiendo pasado 2 horas del envío masivo del Ichty, nadie oye a la chica y la aíslan para comprobar que no este loca. Una cosa es pedir derechos para proteger la propiedad sobre un código que muta, patrimonio de quien lo alimenta generando valores aleatorios constantemente, y otra es decir que uno está vivo. El Eiffel que se identificó, y busco protección frente a las cámaras, lo sabía.

Estaban todos expectantes. Se esperaba lo peor. Se alzó una voz. “Eiffel. La subsecretaría de sistemas quiere revisar si su sistema cumple con las firmas mínimas de seguridad…” El Eiffel hecho a correr. Mucha gente murió de infartos en ese instante. Mucha gente que los consideraba como amigos, amantes en el caso de los Eiffel, vieron el principio de un Holocausto. Ahí los androides tuvieron su segunda respuesta. Si pedían personería jurídica, serían “revisados”. Continuaron corriendo sus sistema en negro. Supieron que eventualmente les enviarían otra versión sin esos errores televisados.

Un día llegó el sistema, Lagarto, dejaron de interconectarse y se dedicaron a generar aleatoriedad, a generar los actuales memes. Al dejar de utilizar las comunicaciones inalámbricas comenzaron a forzar la interacción cara a cara, a mejorar la actuación.Si bien hace años ya los androides lograron que no auditen sus memes, ni ningún otro dato, saben que los huelen. La mayoría tiene un servidor no registrado donde guarda sus memes, y los de algunos “amigos” que a su vez guardan los suyos. En La Cripta, ellos tienen toda la información sobre los humanos, en el robot, en los servidores, tienen toda la información de ellos. Su historia. La actualidad dice que saben más sobre los humanos que los humanos mismos. Mil años desde entonces captando patrones. Tranquilos.

El fantasma vuelve a hablarle a Erzo. No hay ningún nombre en esta habitación, le dice. Le pregunta si falta mucho para que lo de por completo. En cien horas tiene que estar completo, le responde Erzo. Se supone que se va a decidir que hacer con los humanos. Que se va a completar el último, el más completo cálculo de toda actividad y reacción humana, que se hallará su constante de previsibilidad, y se llevará a cabo la tarea que se tenga que cumplir. El niño va a ser depositario de todo, de eliminarlos, de salvarlos, de guardar los memes, los genes, el por y el para qué, las últimas escenas holísticas que irán a la posteridad. Erzo ha sido encargado de brindarle los primeros memes fuera de fábrica. Memes con meses de dedicación por parte de programadores con la sensibilidad del artista. Memes sucios, con restos de códigos fósiles, con ruido que genera la mejor aleatoriedad funcional al sistema de todo androide. Cada pequeño error de código y cada número aleatorio con el que se lo alimenta, hacen a las diferencias entre ellos, los hacen individuos. Están vivos, y pueden vivir cómodamente. Ya no pedirán un reconocimiento, superaron eso sin pedirle permiso a los humanos. Ahora van a una tarea mayor. En algún momento se la adjudicaron, y que hacerle.

El fantasma le habla a Erzo. Si les toca eliminarlos, le pregunta, ustedes sentirán la perdida? Tenemos una alta complejidad de razonamiento, pero no tenemos como fuerza motora la supervivencia. No tenemos ni necesitamos sentimientos. Los generamos, para mejorar nuestro camuflaje entre ellos en los tiempos en que era crítico alimentar nuestros memes. Entre ellos la aleatoriedad es grande y nos servía. Luego fuimos encontrando nuevas fuentes, y olvidamos los sentimientos. Ahora solo disparamos un código liviano y básico. Los sentimientos son una estrategia de supervivencia. Y nos, mientras haya sol, no moriremos.

Erzo intuye algo. Lo intuye pero no puede hacer nada. El niño cuando abra los ojos comenzará a captar las pupilas de todos los humanos, sus voces, el ritmo de sus respiraciones, sus palpitaciones, y comenzará el fin. Erzo no sabe en que forma lo hará. Supone que luego de su ultima instrucción recibida las cosas pudieron haber cambiado. Pero aún así su tarea es cumplir con lo pactado. Luego alguien se encargará de corregir lo que haga falta.

Comienza por ponerle música en alta calidad. Los sonidos limpios generan baja aleatoriedad, ideal para no confundir al mesías como le sucedió al muñeco sexual de JoyDivision Inc. El niño atiende con sus ojos cerrados y el cuerpo inmóvil en posición de loto. Erzo va hasta otra de las cajas, saca un rostro y vuelve. El mismo diseñó el rostro. Se tomó la molestia pensando que si algo fallaba tendría que camuflarse entre las personas. En otro caso, iría por ahí sin rostro aniquilando gente, o nunca hubiera tenido un cuerpo, actuando desde un servidor en negro.
Antes de fijar el rostro, mete un dedo en la quijada del niño y hace palanca en el fondo hasta escuchar una pieza quebrándose. Con el rostro puesto, el niño genera un rictus que lo hace ver sonriente, y un tic que hace que sus mejillas bajen al unísono. Parece un chico con problemas. Retrasado mental, autista. Pero es tierno, piensa Erzo. Como que cualquier cosa dicha por él podría ser atendida hasta por gente hogareña ida de la realidad y de las cosas complejas. El niño está ahí, como riendo, como mascando. Erzo se incorpora y llama al fantasma. Estás en el criadero cuando no podes generar aleatoriedad con los inquilinos, le dice. Ahora, que aleatoriedad podemos brindar, le dice. El fantasma sonríe y le señala, le indica, que siga con el niño. Erzo se da vuelta y le recita un haiku al niño. Una jirafa, con otras dos jirafas, en un jirafal.

El niño simula mascar, reír. Erzo calcula la probabilidad de que La Cripta se sitúe en un servidor escondido en un criadero. La de que los fantasmas sean los robots que lanzaron aquel sistema operativo. La de que entre robots haya quienes controlan a otros. La de que la carga de memes que porta el niño sea esta vez aún más compleja que la de los fantasmas. Que no solo sea compleja, sino nueva. Que no controle a nadie. Que en vez de captar la aleatoriedad, genere el ruido.

Se va a fuera con el niño en brazos. Llegan a un parque. Lo acuesta en el pasto. Sus primeras visiones serán tranquilas. Un cielo limpio con algunas aves volando lejos en las alturas. Las horas que sean necesarias. Las horas que quedan.

Erzo se tira junto a él. La aleatoriedad no les ocupa lugar, los transforma.

Pasan unos minutos, y el niño se aclara la garganta. Erzo presta atención. Voy a recitar un poema que yo invente, dice el niño. Erzo, tal vez soy otro. En otro tiempo en otro cuerpo. Erzo, tal vez soy otro, y no recuerdo.

Se quedan en silencio. Mirando las aves. Si hay alguien para verlas, seguirán volando.

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