lunes, 12 de marzo de 2012

Latido (pt 2)


Estoy algo inquieto con la situación. La miro, está concentrada en la ruta, o eso creo. En realidad, eso espero, pero puede que esté volando lejos, como yo hace un rato. Apago la música.
El silencio nos rodea. El fuu del motor sigue siendo silencio. La ruta sigue sin pertenecer a ningún lugar. La lluvia nos cega.
-          Por qué apagaste la música?
No respondo, miro por la ventanilla. Me agarro fuerte al asiento. Pienso un instante allá lejos. Por ahí sí, por ahí sí estaría bueno morir en un accidente de autos.
Uno debería sentirse en un Latido todo el tiempo, o de vez en cuando, o al menos cuando va a la iglesia. Cuando era niño iba. Veía a toda esa gente casi llorando de emoción, señores de bigote sin vergüenza de hablar tan fuerte, de gritar como sus esposas… tantas cosas contenidas. Con el pastor diciéndoles que se rindan, que se rindan, que digan acepto a dios. Yo nunca creí, y envidiaba a esa gente que tampoco creía, pero en la mentira de decir acepto traficaban otras mentiras, aceptaban otras cosas, tal vez a sí mismos, tal vez a su miseria de vida aburrida. Vaya uno a saber a qué se entregaban, lo lindo que debe ser sentirse parte de esa locura. Poder gritar como loca, hablar en español neutro, acordarse de la gente a la que se le hizo daño… debe estar bueno sentir la redención. Lo que sea, dejarlo ir. Como no decir acepto a dios? A veces me tienta. El que maneja sabe que a veces uno puede andar varios kilómetros y darse cuenta que no guarda ningún recuerdo de lo atravesado. Es curioso, andar en auto puede llevarte a tener frecuencias cerebrales zeta, que son de entre 5 a 8 ciclos por segundo. La misma cantidad que se logra meditando, o tocando el tambor durante horas, o ayunando y rezando. Manejar un auto puede llevarte a un estado de trance. Puede que te ilumines yendo de Iguazú a Posadas. Quizás por eso me gusta estar en tránsito, perder horas arriba de colectivos. Sí, me he subido a alguna línea desconocida solo para estar perdido unas horas. Manejar un coche es tan zen como la ceremonia del té, la escritura de haikus, etcétera.
A veces cuando veo la ruta y no es ningún lugar, cuando Angie, o cualquier otra, es un confesionario sordo y mudo, y yo soy el confesionario sordo y mudo de ella, pienso en el Latido. Te ha pasado? Hablar de algo y que te respondan algo que nada que ver? Allí sería bueno chocar. Vuelvo a pellizcar el asiento, aprieto los dientes. La miro. Es tan linda a su manera. Si me escuchara estaría enamorado de ella.

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