Viene de Pato Cue, compinche de Iguazu
Estaba ya dentro del auto. Miraba la vereda de enfrente por la ventanilla media baja del taxi hacia unas vidrieras que le daban con el reflejo del Sol, que le daban calor, y que lo atosigaban.
Siempre creí que Ney en su vida cotidiana se vería como una señora vestida como gitana, con joyas de alguna abuela, con las canas cubiertas con tintura de pelo color amarillo, hediondo de perfume Passion de Avon. Bueno, me equivocaba.
Era un mono inmenso, pálido, con el pelo teñido de negro, con una
camisa verde re piola con las puntas del cuello re largas, con un pantalón de
corderoy marrón, y un churro en la mano. Para viejo, estaba flaco, y para
vampiro, gordo. Ahí me mira. Con los ojos cansados y los labios caídos de vieja
perfumada y de muerte teñida, pero con unas ojeras padre que parecen de merca.
O de lo que rayos sea que se estuvo colocando.
Ney. Ney Matogrosso. Mick Jagger y David Bowie en el mismo cuerpo, pero más puto que
ellos dos juntos. Puto al estilo Freddy Mercury.
- Donde consigo maconha, ah? –con su voz. Con la voz de
“Rosa de Hiroshima”. Estaba enojada la vieja vampira, se ve que hacía rato
estaba en la búsqueda.
- Nos podes llevar a donde vendan
faso? –me dice el Pato Cue, que los días de semana maneja un taxi y labura para
el hotel donde caen los rockeros. Les hace un mini tour de sustancias pero Pato
Cue no sabe donde venden porro, él no fuma porro. Les digo que los llevo, de
una. Me subo y saludo a Ney.
Fuimos a lo de Pilin, no estaba. A los lapachos, nadie. Fui a la
cocina de los chinos, pero no tenían. Me iba a ir al barrio ese en medio del
monte que hay yendo al hito, pero Ney me explica, tocándome el hombro y en un
español ya francés, que “si no es posible ir a un lugar donde sea seguro
comprar porro, maconha… no pirdamos
más el tiempo”
- Tenés razón Ney. No les quiero
hacer perder el tiempo en algo tan pernicioso como lo es la búsqueda del porro,
de la maconha, es que… yo te quiero
oír cantar Ney. Cantate algo para la galera, si?
- No, no, no. No, de ninguna
manera. No, no, no chiquito, no. Yo no estoy para cantar, no me siento bien
para cantar. Es imposible que yo conte.
- …
-
Y cuál querés vos que conte, a ver?
-
Sólo escuché el disco “Ensaio”…
-
Bueno, pero vos después me
conseguís faso, ah?
-
Sí, sí.
-
“Pensa en las criancas, mudas telepáticas….”
-
Encará para lo de Lala! –le
digo a Pato Cue.
Lala es medio conocida en Iguazú. Nació con plata. Diseña ropa,
pinta cuadros y se tiñe el pelo de rojo. Rulos rojos tiene. Es de las hippies
que hacen manualidades más que artesanías. Ojo, la ropa si esta buena.
-
“Pensa en las mulheres, todas operadas…”
– cantaba Ney. Con resaca de coca aí na gelatera y moviendo las manos como
odalisca pero sin ganas. Y de a ratos cantaba y me miraba y sus ojos me
enfocaban y los afilaba más con frialdad. Que grande este Ney. Y ahí dejaba de
mirarme, y volvía a hacer lo mismo pero mirando a alguien por la ventanilla del
taxi.
-
“Pensa en las feritas, como rosas cálidas…”
Llegamos al departamento de Lala. Entramos, nos sentamos en
almohadones, y Lala le pasa a Ney una bolsita de macramé con porro adentro y un
lillo. Él, que estaba callado y sentado mirando el living y cada uno de los
detalles, ahora le clavaba la mirada a ella. Ney toma el faso y comienza a
picarlo en sus manos.
Fumando, se incorpora y canta: “ A luá/girou, girou…. Traso no ceu
un travesseiro/ dos meus brasos, dos teus brassos…” luego se queda callado y
con los ojos cerrados. Pasa un siglo hasta que afloja el fa, pero ninguno de
nosotros dos lo recibe. Ney está mal.
-
Ney, que acontece? –le pregunto
-
Nada menino. La vida en todo
caso. Nossa, de eli. Se foi… - de
pronto se recupera –Vamos a comer algo malandragem?
Vamos a comer frutos de mar. Ney trata de comportarse gentil y le
pregunta a Lala sobre cada cosa que vio en su casa. En eso se nos paso la cena.
Luego Ney se aburre. Se aburre o su naturaleza de estrella lo boicotea.
-
Quiero Crystal. –reclama
-
Mmm, no creo que vendan Crystal
en Iguazú. –le pregunto a Lala si Crystal era vino o champagne. –Voy a
preguntar.
-
Quiero Crystal ahora.
-
Disculpame, te hago una
consulta. Venderán Crystal?
-
Tengo otros champagnes muy
buenos, le paso la carta de bebidas en un momento.
-
Ay, como no van a tener Crystol! Quiero Crystal o no les pago
nain de lo de esta noche. Traéme al sommelier, YA!
-
Ney, no creo que haya
sommelier. Estamos al lado de la terminal de omnibus!
-
Pues que bajen de los ovnis, yo
quiero Crystal!!!!
-
Nao brinca conmeu, mané! –le grito –Eu voi te batir!!
-
Mané?? Filho da una gran…
PIIIIIIIIIIIIIIII
–perdimos la señal.
Por suerte estaba Pato Cue en la barra. Llegó y lo
durmió de un solo ñoqui. Lo cargó y lo dejó en el hotel. Ambos estamos medios
chimpas en Misiones, no nos gusta que nos liguen a personajes caóticos. Con
nosotros nos basta.
Sigue en Hambre, de Pablo Terra
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