lunes, 6 de febrero de 2012

Comentando un poco qué es Alais




Durante enero y febrero de 2008 comencé a escribir una historia de hadas, brujos, un niño felino, el tiempo, el amor, la religión, el destino, dudas que se le puedan llegar a cruzar a cualquiera que sea un poco curioso. En ese tiempo escribí 70 páginas de Word de un tirón, y 20 más con anotaciones, el final, y alguna escena intermedia.
De allí hasta ahora, trabajando en ella durante los veranos, he escrito sólo 30 páginas más (de seguro muchas más, pero tras sucesivas correcciones han quedado este número de páginas). La historia ya está armada, pero para que se convierta en libro me faltan, al menos, la misma cantidad de páginas. 240 páginas de Word son unas 360 páginas de un libro normal.
La historia salió de una lluvia de recuerdos de amor, de imaginarnos a nosotros mismos viviendo como bichitos en la enredadera inmensa que había en su casa. Ella era un hada, un coatí. Yo, por las estrías que marcan mi espalda, era su chico felino.
Como comencé a escribirlo cuando olí que se venía la debacle final, comencé a planearlo como una guía para sus niños, o mis niños, o los nuestros quizás si la vida es justa (pero no lo es). Quería que fuera un libro como El Principito, un libro de guía para niños inteligentes y alegres. También quería que fuera como el Señor de los Anillos pero sin esa idea del Bien absoluto y el Mal absoluto. En la vida real nadie es malo ni bueno del todo. Las personas son personas. En los libros que no me gustan el malo aparece malo y ya. Iba a haber un malo en mi historia, si, pero me iba a encargar de explicar esa psiquis, cómo se llega ahí, qué hacer con él. Y bueno, el bueno de la historia iba a ser bueno pero por descarte. He ahí algo, el héroe no nace héroe, se hace el día que ve La Totalidad y toma su lugar en ella.
Otra cosa que tenía en claro que no iba a pasar en mi historia era el final abierto. Hay un montón de historias que uno no quiere dejar de leer, historias en las que uno quiere seguir sentado en la mesa con esos personajes, yendo por esos caminos, comer las frutas que hay en esas páginas. Cuando dicen “y vivieron felices hasta el fin de sus días” yo me embroncaba porque quería seguir sabiendo que seguía después de eso. De que trabajaba él? El príncipe y la doncella jugaban en la habitación? Cocinaban juntos? Ella habrá querido aprender arquería hacia sus 40 años? Quién murió primero? Que hizo el otro? Me encargué de contar la vida de mis personajes, de vivir con ellos y comer sus comidas y mostrar sus costumbres. Y el final es un final como la misma palabra lo dice.
Con el correr de los años la historia ha mutado y ya no es tan legal. Podrían leerla niños mayores de 10 años, pero contiene escenas fuertes, extrañas en la literatura de aprendizaje… no creo que en épocas de Oliver Twist le hubieran perdonado la vida al autor si ponía una escena de incesto. Así y todo es de las mejores escenas que escribí en los 10 años que me dedico a esto. La han leído y he escuchado desde cosas como “qué sexy que es”, hasta “qué tierno que es”. Ha encontrado lugar en la historia de forma natural, ha explicado la psiquis del villano, ha explicado maldiciones centrales de la historia, y convierte a una, en apariencia, historia de hadas y duendes para niños, en algo profundo y rico.
Eso sí, para mi las historias de amor son cursis y grasas o no son historias de amor. Las historias de amor se hacen de cosas pequeñas, de momentos juntos, de un poncho para dos, de un reviro en invierno bien romanticón.

1 comentario:

  1. Hola, hola!
    Yo quiero leerla! Me gustan las hadas y las historias de amor ñoñas, así que ya sabes :)

    Saludos!

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