domingo, 26 de junio de 2011

Eldorado (-1)

Mi paso por la terminal de Retiro fue sin pena ni gloria. Gracias a que el horario de verano en Bs. As. estaba adelantado con respecto al del Oeste del país, solo me tocó esperar una hora. Me cambian el pasaje de un coche semi-cama a uno cama y tirado en un asiento un poquito más ancho miro por la ventana los cientos de edificios altos y sucios de Capital. En estado casi zombie veo las rotondas debajo mío, veo los nudos hechos por autopistas, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Hasta quedar medio hipnotizado.


Cuando cruzamos Zárate, me doy cuenta que nos llevó 10 hs cruzar la provincia de Bs. As. Pienso, por primera vez en el día, en lo lejos que estoy de casa y que si, en una de esas, pensara como una mejor idea volver a casa y laburar para siempre como repositor de un supermercado, simplemente no podría. Me bajaría y no tendría suficiente dinero en efectivo para un pasaje de vuelta y me quedaría en medio de una ruta con mis bolsos, una caja y un colchón hecho bollito, bajo una luz naranja de sodio, quieto como una planta… quiero dormirme pero es temprano y no soy bueno para dormir en un colectivo (no soy bueno para dormir, y ya). Me pierdo de ver Corrientes y Entre Ríos, pero comienzo a ver, con las primeras luces, la terra bermelha, tan irrealmente roja, manchando todo: paredes, autos y perros, con rojo.

Y sentí que ya estaba en un cuento de Quiroga. Me viene a la memoria que Cuentos de la Selva fue el primer libro que supe leer solo, a los 5 años.

 

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