martes, 28 de junio de 2011

Voy llegando al lugar. Doscientos, ochenta, cincuenta kilómetros. En la radio del colectivo suenan unas rancheras en portugués (♪ cha-cha-chá, María cha-cha-chá ♫), unas cosas tipo Creedence pero totalmente freak, y vuelvo a pensar en lo lejos que estoy de casa, JAJA. Veo las casas al costado del camino hechas con madera, elevadas unos 20 cm (para no mancharse de rojo con la lluvia, creo, cosa que no funciona), pintadas de colores llamativos, con algún paisano en ojotas y camisa sentado afuerita, tan tropical a los ojos de un mapuche.


Me sorprendo de ver montones de araucarias, creía que solo existían en Neuquén, JAJA, que ingenuo.

Bajo en la terminal de Eldorado y PLAGGG, siento como si me tiraran sidra tibia, pero resulta que es el aire caliente y húmedo de Misiones.

Miro alrededor y, sin haber pasado por Córdoba, puedo decir que en Misiones están las chicas más lindas del país. Quiero fotografiarlas a todas!

Llamo a la facultad y me vienen a buscar Pio y Marcia para llevarme al albergue.

Ahora, sí.


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